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El único vino natural de Almería: una historia que huele a tierra, sabe a uva y suena a rock

Fondón se ha convertido desde hace más de una década en el corazón del vino natural gracias a una pareja almeriense

Algunas variedades del vino Pura Vida.

Algunas variedades del vino Pura Vida.Marina Ginés

Marina Ginés
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Pura Vida es una declaración. Es un grito dulce y rebelde. Es el eco de un beso entre montañas, el roce de unas manos manchadas de mosto, la melodía de una copa que brinda entre risas. Pura Vida es amantes, rock y vino.

Hace ya más de trece años, María del Mar Fernández Suárez y Rober Ayala Sánchez, dos almerienses con más alma que cálculo, se lanzaron al vacío sin red. Él, conocido por capitanear el mítico pub rockero El Congarra en la capital; ella, una urbanita convencida con el corazón dispuesto a encontrar un nuevo latido. Se conocieron en 2011, y como suele pasar cuando el destino acierta, se enamoraron. De ellos. Y de un lugar: Fondón.

Allí, Rober solía escalar con amigos, buscar altura para aclarar la mente. Una de esas escapadas se convirtió en punto de inflexión. Juntos encontraron un terreno con una nave de aperos, y un viñedo descuidado por un anciano que ya no podía atenderlo. No era el cortijo idílico que soñaban, pero algo en ese paisaje roto les habló. No quisieron arrancar las vides. Decidieron cuidar lo que había. Dejarse llevar. Con ayuda de unos amigos que tenían bodega, embotellaron las primeras 300 botellas de vino natural aquel 2011. Un experimento. Un juego. Un acto de amor.

María del Mar y Rober junto a sus viñedos.

María del Mar y Rober junto a sus viñedos.Marina Ginés

Lo que nació como una locura romántica, acabó transformándose en una forma de vida. “Empezamos de cero en todo. Solo había una opción: tirar para adelante”, recuerda María del Mar entre risas. “Yo no tenía ni idea. ¡Y Rober tampoco!”. Él, que había hecho cima en muchas montañas, confiesa que “esto es casi más duro que escalar”.

Y sin embargo, no pararon. Año tras año, con sus manos y su empeño, fueron puliendo su arte. Vendimia, despalillado, estrujado, maceración, fermentación, prensado, crianza, embotellado. Todo lo hacen ellos. Solo una máquina para despalillar. Lo demás, sudor, intuición y alma.

Así nacen los únicos vinos naturales de toda la provincia de Almería. Sin levaduras añadidas. Sin filtrar ni estabilizar. Sin sulfitos. Sin química. Sólo la uva y el tiempo. Un proceso artesanal que respeta al máximo el entorno, siguiendo el ritmo de la naturaleza, sin forzarla, sin interrumpirla. Un vino que no se impone: se acompaña.

Merchandising y botellas de Pura Vida.

Merchandising y botellas de Pura Vida.Marina Ginés

Cada botella es limitada, irrepetible. No hay una igual a otra. La producción, cuidadosamente controlada, ronda las 6.000 botellas al año. Y no se comercializa en tiendas. Hay que ir a Fondón para entenderlo. Para sentirlo. Para conocer a María del Mar y Rober, y brindar con ellos en su templo de viñas, música, aromas y memoria. Porque esta bodega no es solo vino: es experiencia.

Organizan catas profesionales, eventos con música en directo, y comidas cocinadas por la propia María del Mar: arroz de secreto ibérico, gurullos con conejo, gachas alpujarreñas… Cocina tradicional, de kilómetro cero, elaborada in situ mientras el vino corre y la gente aplaude. Literalmente. Porque quien prueba su mesa, se levanta a vitorear.

Sus uvas: garnacha, la original de Fondón. Y ahora también tempranillo, syrah y macabeo, cultivadas en una nueva parcela en Laujar. “No pensábamos ni siquiera en comercializar el vino… lo queríamos para casa, para amigos”, cuentan. Pero el boca a boca, como el buen vino, fermentó. Y hoy, sus vinos han llegado a cinco restaurantes con Estrella Michelín gracias a la distribuidora granadina Vinos Auténticos, especializada únicamente en vinos naturales.

Bodegas Pura Vida.

Bodegas Pura Vida.Marina Ginés

Pero el corazón sigue en casa. En Fondón. En esa bodega autosuficiente, donde la electricidad llega por placas solares, y el agua baja por las acequias del río cercano. No labran la tierra: la dejan vivir. La escuchan. Como escuchan a la vida.

Y así, paso a paso, año a año, Pura Vida ha crecido. No solo en producción. También en conocimiento. En conciencia. En humildad. “Pura Vida es mi vida transformada dentro de una botella”, dice María del Mar. Una vida que huele a campo mojado, que suena a rock lento, que sabe a uva sin disfraz.

El nombre, como todo en esta historia, llegó por casualidad. O por destino. Una amiga volvió de Costa Rica usando ese saludo pegajoso: “Pura vida”. Lo escucharon. Se miraron. Y lo supieron. Ese era el nombre.

Pura Vida en Fondón.

Pura Vida en Fondón.Marina Ginés

Hoy, los visitantes que pisan su bodega no se van solo con una cata. Se van tocados por algo más profundo. Por una energía que no se embotella, pero se transmite. Por ese amor que se respira, que se contagia, entre ellos dos.

“Rober es mi compañero de viaje, mi mejor amigo", explica María del Mar. "Todo lo que hemos hecho, ha sido juntos. Para mí, no hay vida anterior sin él, ni futuro sin él”, replica Rober. “Esto no es un trabajo, es nuestra vida. Es nuestra pasión”.

Y se nota. Porque hay vinos con cuerpo, con aroma, con historia…Y luego está este. Un vino con alma. Un vino con nombres y apellidos. Un vino que sabe a amor.

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