Los incendios en Canadá provocan una calima inusual que alcanza Almería tras cruzar el Atlántico
Las partículas de humo de los vastos incendios del país norteamericano sobrevuelan la provincia

Análisis de la profundidad óptica total de aerosoles a 550 nm en la región del Atlántico Norte.
El cielo de Almería parece volver a enturbiarse, pero esta vez no por el polvo del Sáhara. Una calima inusual, cargada de humo y partículas procedentes de los incendios forestales, se ha dejado notar en la provincia. Almería ya experimentó a principios de mes un nuevo episodio de calor que dejó cerca de 40 grados en un buen número de municipios, como Tabernas, Abla, Bayarque o Albox.
El 6 de junio, la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) activó avisos por calor y calima en la provincia, alertando de un ascenso térmico significativo.
Y ahora, alzamos la vista al cielo para observar cómo otro tipo de calima se aproxima desde un lugar inesperado: Canadá. Una masa de aire cargada de humo y partículas, producto de los incendios forestales que arrasan miles de hectáreas al otro lado del Atlántico, viaja impulsada por las corrientes atmosféricas hasta nuestra región.
Llamas en el país de la hoja de arce
Mayo ha dejado una cicatriz profunda en Canadá. Lo que va de temporada de incendios ya ha superado la virulencia del fatídico 2023, que ostentaba el récord como la peor campaña de fuegos en la historia del país. Más de 200 focos activos han devorado, sin control, más de 2,2 millones de hectáreas.
Las llamas no han tenido piedad con la franja fronteriza que separa Canadá de Estados Unidos. Columbia Británica, Saskatchewan, Manitoba y Ontario figuran entre las provincias más castigadas por un fuego que no distingue de fronteras ni de estaciones. Y aunque Canadá parezca quedar lejos, sus consecuencias viajan más rápido de lo que pensamos.
Canada and Russia are experiencing intense early wildfire activity ahead of the boreal summer. CAMS is tracking smoke transport across vast distances, impacting atmospheric conditions as far away as Europe and the Arctic. Check out the full details https://t.co/ZqOBYI0zSq pic.twitter.com/KADd1IBZnO
— Copernicus ECMWF (@CopernicusECMWF) June 3, 2025
El Servicio de Vigilancia de la Atmósfera Copernicus, el programa europeo que vigila la Tierra desde el espacio, ya tiene los radares puestos en el humo que dejan los incendios canadienses. No es la primera vez que rastrea esas emisiones.
Blanquecino y anaranjado
El humo cruzó el Atlántico gracias a un río atmosférico —ese fenómeno que actúa como una autopista aérea de partículas— alcanzando el 18 y 19 de mayo el este del Mediterráneo: Grecia y parte del norte africano amanecieron bajo un cielo turbio y ajeno. Pero no quedó ahí. A las puertas de junio, una nueva columna de mayor envergadura repitió el fenómeno.
Y evidentemente, en su camino, también nos tocó nosotros. Las previsiones apuntaron que el suroeste y el oeste de la Península —sí, también Andalucía— podrían notar la llegada de esa masa suspendida. Una calima distintas que deja tras de sí un cielo blanquecino y anaranjado.
Hasta hace poco, el humo de los incendios forestales que cruzó el Atlántico se mantenía lejos, muy arriba, a unos 9.000 metros de altitud. Allá arriba no molestaba, no se notaba, no tocaba el suelo. Pero el martes 10 de junio algo cambió: la nube empezó a bajar. Y lo que era solo un velo en el cielo se convirtió en un problema más tangible. El humo descendió a capas más bajas y empezó a hacer mella en la calidad del aire en buena parte de Europa.
Pasa por Almería rumbo a Grecia
En las imágenes por satélite ya se intuía: la masa de humo tenía rumbo directo a Almería a su paso por la Península, rumbo este. Según el Servicio de Vigilancia de la Atmósfera Copernicus, ese humo que cruza el Atlántico no debería afectar de forma grave la calidad del aire en superficie, porque viaja a mucha altura. Lo que sí suele dejar este tipo de episodios son cielos brumosos y atardeceres teñidos de rojo y naranja.
No son peligrosos para la vida humana, animal o silvestre mientras no bajen hasta la superficie, advierten.P ero no todos lo ven igual. Los incendios que arrasan las regiones centrales y occidentales de Canadá están provocando están provocando un daño medioambiental. Además, este humo lleva consigo una carga tóxica mucho más compleja y peligrosa para la salud.
Según explican en Popular Science, el humo no es solo ceniza y polvo: transporta contaminantes que llevaban décadas dormidos. Partículas finas que arrastran arsénico, plomo y mercurio, restos de antiguas explotaciones mineras que el calor extremo está reactivando.
Peter D. Carter, director del Climate Emergency Institute y revisor experto del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), lanzaba un mensaje claro desde su cuenta oficial en X —la red social antes conocida como Twitter—. “EL HUMO TÓXICO LLEGA A RUSIA. La contaminación atmosférica tóxica alcanza su nivel más alto en la mayor parte de Canadá; la contaminación atmosférica alcanza el noreste de EE. UU. y el humo alcanza Europa y Rusia."
Según una investigación realizada en California y publicada en la revista Science, la exposición prolongada a partículas finas PM 2.5 (partículas sólidas o líquidas, que se encuentran en suspensión aerodinámica y cuyo diámetro es de menos de 2.5 micras.
La materia particulada incluye sustancias químicas orgánicas, polvo, hollín y metales ) durante los grandes incendios estuvo relacionada con más de 50.000 muertes prematuras entre 2008 y 2018, explican desde Science. Estas partículas, combinadas con gases secundarios como el ozono troposférico, pueden agravar afecciones respiratorias como el asma y aumentar de forma notable el riesgo de hospitalización por enfermedades pulmonares. No es solo humo: es un cóctel tóxico que deja huella en el cuerpo.