La movida almeriense tiene el relato en un libro que saldrá el próximo año. Están todos los creadores de la cultura pop. Artistas que se sumaron a aquellos años de libertad y creación.
El escritor y músico Francisco Luis Aguilar (Almería, 1978) trabaja sobre la movida, fruto de su exitosa tesis doctoral, dirigida por el catedrático Rafael Quirosa-Cheurouze y la profesora Mónica Fernández Amador. Sigue la estela de Miguel Ángel Blanco que en varios de sus trabajos estudió la realidad cultural. Aguilar tiene en la radio el último gran proyecto interdisciplinar de la movida.
El programa La Escalera de Radio Nacional de España, emisora dirigida entonces por Manuel Gutiérrez Navas, tenía más de performance que de magazine radiofónico, primeras cintas con maquetas y abierto a la innovación hasta las últimas consecuencias.
La figura era, sin duda, Juanma Cidrón, que se rodeó de figuras de la cultura joven, en micro-espacios dedicados al cómic, cine, medio ambiente, publicaciones, fanzines, ocio nocturno, poesía, música. Había referencias a conciertos en pubs como La Calle regentada por Boni y Eloy.
¿Qué nos ha quedado del relato de la Movida almeriense de los años 80?
La movida almeriense llegó con años de retraso sobre la madrileña de 1980 como esta lo hizo con la neoyorquina de finales de los 70. Hemos tratado de componer una historia de la Movida almeriense de los 80, entendida como un movimiento contracultural, multidisciplinar, y extensión local de la Movida madrileña. Todo ello bajo el planteamiento de la Historia del Tiempo Presente. Fue un momento interesante de ebullición, en el que llegaban a Almería referentes estéticos internacionales como la cultura pop, el punk o la new wave. Remando en una misma dirección se encontraron jóvenes creadores muy talentosos y con mucha cara dura, los poderes públicos, medios de comunicación, las normativas municipales, colectivos vecinales, empresarios y promotores, junto a un público más ávido de novedades y diversión.
¿Quiénes ha sido los personajes claves en el armazón del trabajo?
Ha sido una delicia conocer y gozar de la confianza de tanta gente talentosa, escarbar con ellos en sus archivos, escuchar sus historias, escanear fotos, digitalizar cassettes. Me lo he pasado pipa. Ahí el profesor y músico Juan Antonio Peregrín, tu paisano de Los Gallardos, alma del grupo Amor de Madre. junto a Antonio Molina. Tanto Peregrín como Javier Serrano, “El Marqués”, fueron de los primeros amigos que me ayudaron desde el comienzo de la investigación, con documentación, testimonios, orientaciones y contactos. Les cito constantemente en la tesis así como la ayuda brutal de Miguel Ángel Blanco y tu libro Soñar la radio. También al crítico musical de Canal Sur Carmelo Villar o la presencia del cine con Fernández Mañas. Lo ideal sería que toda esta gente, y tantos otros, fueran justamente reconocidos en su entorno más cercano, al que tanta riqueza cultural han traído, no que tengamos que venir los historiadores a reivindicar la trayectoria anterior de gente que, para colmo, está ahora en su mejor momento. El trabajo de Jesús Pozo destaca con la revista El Caimán, editada por Diputación en tiempos de Maresca y del exministro Guirao, entonces diputado provincial.
Tras defender la tesis en la Universidad de Almería y pasar un necesario periodo de reflexión, decidió no volver a Chile, donde ha residido desde 2014, ¿qué proyectos le aguardan?
Primero escribir un libro sobre los viajes y proyectos de cooperación internacional de la Fundación Jesús Peregrín, una gente estupenda que promueve obras humanitarias por medio mundo, libro que editará Círculo Rojo en octubre. Lo siguiente va a ser un proyecto de digitalización de archivos. También estamos terminando una investigación con el Instituto de Estudios Almerienses sobre publicaciones y fanzines.
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