Fermín Bocos
22:31 • 15 feb. 2012
Cuando un asunto genera polémica -como la flamante reforma laboral del Gobierno Rajoy-, quienes la impulsan y quienes la apoyan desde los medios procuran desviar el foco de la atención de la opinión pública acudiendo a lo que se conoce como “estrategia de la división”. Se trata de atacar un aspecto accesorio del asunto sometido a debate. En este caso, el blanco elegido para desviar la atención son los sindicatos, que rechazan la reforma laboral impuesta. Basta con echar una ojeada a los periódicos o detenerse a escuchar cualquier tertulia de la radio o la televisión para constatar que se habla más de los sindicatos que de las medidas que impone la reforma: que si con Zapatero eran complacientes; que si son organizaciones obsoletas; que ya está bien que tengamos que financiarles entre todos, etc, etc. Algunas de estas críticas están fundadas, otras no tanto. De la reforma y en sus rasgos esenciales: abre la puerta a una rebaja generalizada de los sueldos de los trabajadores al tiempo que abarata los despidos, se habla menos.
Es verdad que España tiene un problema gravísimo, pero también lo es que de esa tragedia no son responsables los sindicatos. A la hora de buscar el origen de la crisis sería más justo mirar a los bancos antes que a los sindicatos. Pero de eso se habla menos en las tertulias porque los bancos que han sobrevivido son, también, de los pocos anunciantes que quedan y de la publicidad (escasa) intentan sobrevivir no sin grandes sobresaltos los medios de prensa independientes. Cabe añadir que a la estrategia de desviación de las críticas han ayudado los portavoces de algunos de los sindicatos, que con sus toscas declaraciones alimentan un clima de crispación dialéctica. Se diría que ni Méndez ni Toxo se dan cuenta de que hay mucha gente que criticó su excesiva contigüidad con Zapatero y les estaban esperando para ver qué hacían cuando gobernará el PP. Si se precipitan o se pasan en la respuesta, perderán. Lo cual no quita para que muchas de sus críticas a la polémica reforma, estén cargadas de razón. El enemigo no son los sindicatos, el problema es el paro.
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