-Buenos días, me pone un café con leche y una tostada de aceite?. Esta casi familiar frase se, tan habitual todas las mañanas en las cafeterías y establecimientos de hostelería, puede saber a una extraña demanda en muchos de esos locales públicos. A tal petición, la camarera de turno me obsequió con una educada y determinante respuesta: ”El café sí se lo puedo poner, pero la tostada no, lo siento”. Ante tan inesperada y sorpresiva respuesta, no pude menos que interesarme por la severa razón que impedía atender mi desayuno matinal: “Es que las tostadas se sirven hasta las doce”. Incrédulo y perplejo, tras mostrar mi sorpresa por la norma de la casa, abandoné la cafetería con un sinfín de preguntas sin respuesta. Ya en la calle, rememoré algunas vivencias y experiencias con la tostada como protagonista.
Rememoré al “ Metropolitano”, en la madrileña Glorieta de Cuatro Caminos, uno de aquellos refugios de café y humo, pues no hubo velada a la que faltara un merecedor descendiente de Ramón María del Valle-Inclán, cuyas lentes eran gemelas del digno representante del modernismo.
Aquella enigmática figura, de luenga barba alimentada solo con la ubérrima tostada me puso al día sobre tan recurrente institución -la tostada- Gracias al auxilio del café con media, o tostada entera, no han sucumbido en la lucha muchos esforzados autores que después han ocupado lugar señalado en el mundo del arte y de las letras.
Reflexioné sobre el triste destino de quienes, alimentados por la tostada diaria, se hubieran encontrado con una negativa a su dispensación por una mera cuestión de reloj, que no de apertura o cierre del establecimiento. Y es que hay quienes apartándose de lo castizo han atentado contra la personalidad de la tostada, pues algunos –pocos por fortuna- la han divorciado de su fiel compañero, el café con leche, para asociarla a otras compañías. Si las medias tostadas hablasen siempre dirían que querrían morir como fieles y heroicas enamoradas: Casadas con el café o célibes. Por ello no entiendo a quienes destruyen tan apasionado idilio, aunque sea por una arbitraria disposición de puertas para adentro.
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